jueves, 17 de febrero de 2011

Las delicias de leer La Nación



Digo yo...si estoy en mi casa, a punto de salir a trabajar, me quieren decir qué cuernos me importan las temperatura de mar del Plata y Punta del Este???

En otro orden de cosas,



Si! Pánico, muerte y apocalípsis! Caos, tensión e incidentes! Informar es lo de menos. O alguien entiende de qué se trata esta noticia leyendo el titular? No, pero con tanto tremendismo, a usted, lector morboso, a usted, lectora con miedo al estallido social, la hecatombe económica y el patapúfete institucional, seguro que le van a dar ganas de leerla.

Al lado de esto, dejo un extracto de “Hasta cuándo”, de Peter Capusotto:

  • Informe del Miami Herald : Dios desata el apocalipsis la semana q viene en la Argentina y todos los argentinos serán aniquilados por el ángel exterminador sufriendo la muerte mas espantosa q alquien pueda imaginar. “Todos moriremos”, es el título de este comentario. Para pensar, no?

  • Ahora, Horacio Garpola desde el ministerio de economía:
    -"TODO SE VA A LA MIERDA! A LA RECONTRA MIERDA!"
    -Gracias Horacio.

Es difícil decir quién parodia a quién, no?

Más “Hasta cuándo” (a mi criterio, muy recomendable!) acá:


viernes, 11 de febrero de 2011

Cualquier usuario regular de transporte público sabe que es cada vez más frecuente compartir el tren/subte/colectivo con gente que escucha música en su celular mediante los parlantes externos, es decir, imponiendo sus gustos musicales a todos los pasajeros.
Como también es sabido, la gran mayoría de las veces, las personas que escuchan música a tanto volúmen como sus parlantes de celular se lo permiten suelen inclinarse hacia la cumbia, el reggeton y afines, cosa que incomoda muchísimo a quienes no compartimos esos gustos. lamentablemente, no hay mucho que podamos ahcer aparte de incomodarnos en silencio. Una vez intenté enfrentar la música impuesta con la mía propia, pero fracasé miserablemente: los parlantes de mi celular eran infinitamente menos potentes que los de mi rival. El resultado sonoro era como estar en medio de un recital de cumbia, con Angra tocando a 2 cuadras de ahí.
Sin embargo, ayer me tomé el tren y, en medio del viaje, un chico hizo algo maravilloso: desenfundó su celular y mediante los parlantes externos, se puso a escuchar... Pink Floyd.

(Lo siento por la gente que no quería escuchar Pink Floyd, y por supuesto que yo prefería volver a la era en que cada uno escuchaba lo que quería con auriculares, pero en ese contexto, lo que hizo este muchacho fue magia. Gracias muchacho.)

viernes, 28 de enero de 2011

Eau de guérilla

Colecciono frascos de perfume. Tengo varios, de distintas formas y tamaños. Hace unos días, mientras limpiaba, me reencontré con este:

viernes, 7 de enero de 2011

Africa

Bueno, con el nuevo año voy a inaugurar una sección en el blog: la de cosas que detesto infinitamente.
Sé que a nadie puede importante esto, pero de todos modos, el mundo no debe privarse de saber las cosas que odio.
Hoy: el tratamiento que la mayoría de series y películas estadounidenses dan a Africa. Cuando se hace alguna mención al contienente, siempre es Africa en general, muy pocas veces se habla de un país específico. Cuando algún personaje viaja a Africa (la enorme mayoría de las veces, son doctores que van a ayudar, quién iría sino a un lugar tan ingrato?), es muy raro que se hable de un país en particular, total, Angola, Egipto, Marruecos o Etiopía son más o menos lo mismo. Con decir Africa alcanza para dar una noción de pieles oscuras, sol ardiente y leones corriendo por ahí.
Al parecer, muchos piensan que Africa no es un continente con diversidad de culturas, lenguas, países (de hecho, es el continente con mayor cantidad de países en el mundo), sino una cosa amorfa y tan horrible que sólo sirve para que algún médico muestre su suprema abnegación yendo ahí.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Regalo

Bueno dada la época navideña y regalona en la que estamos, dejo a mis lectores (lectores??? a algún confundido que haya llegado acá por accidente, si es que hay alguno...) un regalito: este es mi cuento favorito, y el motivo de mi nombre de usuario.
Fue escrito por ray Bradbury.

La niña que iluminó la noche (cuento para leerse en voz alta)

Había una vez un muchachito a quien no le gustaba la Noche.
Le gustaban
linternas y lámparas
y
antorchas y alumbrados
y
faros y faroles
y
velas y velones
y relumbrones y relámpagos.
Pero no le gustaba la noche.

Se lo veía en
salones y sótanos
y despensas y desvanes
y
alcobas y alacenas
y
escurriéndose por los corredores.
Pero nunca se lo veía afuera…
en la Noche.

No le gustaban para nada las llaves de luz.
Porque las llaves de luz apagaban
las lámparas amarillas
las lámparas verdes
las lámparas blancas
las lámparas del vestíbulo
las luces de la casa
las luces de todas las habitaciones.
Él nunca tocaba las llaves de luz.
Y jamás salía a jugar
en la oscuridad.

Siempre estaba muy solo.
Y muy triste.
Pues veía, desde su ventana,
a los otros chicos jugando sobre el césped
en las noches de verano.
Los veía corriendo felices allá afuera
de la oscuridad a la luz.

Pero nuestro muchachito ¿dónde estaba?
Arriba en su cuarto.
Con sus linternas y lámparas
y faroles
y candeleros y candelas.
Completamente solo.

A él únicamente le gustaba el sol.
El amarillo sol.
A él no le gustaba la Noche.

Cuando llegaba el momento
en que papá y mamá recorrían la casa
apagando todas las luces…
Una a una.
Una a una.
Las luces de la entrada
las luces del salón
las pálidas luces
las rosadas luces
las luces del a despensa
las luces de la escalera…
Entonces el muchachito se metía en su cama.

Tarde en la noche
el niño desdichado
tenía en el pueblo
el único cuarto iluminado.

Y una noche,
mientras papá estaba de viaje
y mamá se acostó temprano,
el muchachito empezó a vagar solo,
completamente solo por la casa.

¡Ah, cómo ardían las luces!
¡Las luces de la entrada
las luces del vestíbulo
las luces de la despensa
las pálidas luces
las rosadas luces
las luces del salón
las luces de la cocina!
¡Hasta las luces del desván!

¡Toda la casa parecía haberse incendiado!
Pero el muchachito todavía estaba solo.
Entretanto los otros chicos,
allá lejos
jugaban sobre los prados en la noche de verano.
Riendo.
Muy lejos.

¡De repente escuchó
un golpe en la ventana!
Algo oscuro estaba ahí.
Un golpe en la puerta de entrada.
¡Algo oscuro estaba ahí!
Un golpe en la puerta trasera.
¡Algo oscuro estaba ahí!

De pronto alguien dijo: -¡Hola!
Una niña estaba ahí en medio de
las luces blancas, de las brillantes luces,
de las amarillas luces, de las luces de maravillas.






- Me llamo Negra –dijo.
Ella tenía el pelo negro
los ojos negros
y llevaba un vestido negro
y zapatos negros.
Pero su rostro era tan blanco como la luna.
Y sus ojos brillaban
como la luz de las blancas estrellas.

-Estás muy solo –dijo ella.

-Me gustaría correr con los chicos afuera –dijo el muchachito-. Pero no me gusta la Noche.

-Yo te presentaré a la Noche –dijo Negra-.
Y ustedes serán amigos.
Ella apagó la luz de la entrada.
-Ves –le dijo-. No estoy apagando la luz.
¡No, de ningún modo!
Simplemente estoy encendiendo la Noche.
Se la puede encender o apagar
igual que una lámpara
con la misma llave de luz.

-Nunca se me había ocurrido eso –dijo el muchachito.

-Y cuando se enciende la Noche –dijo Negra-,
por supuesto que también se encienden los grillos…

¡Y las ranas!
¡Y las estrellas!
¡Las luminosas estrellas
las estrellas titilantes
las verdaderas estrellas
las estrellas azules!
¡El cielo es una casa
con sus luces de entrada
y luces en el salón
luces rosadas y pálidas luces
luces rojas
verdes luces
luces azules
amarillas luces
resplandores
todas las luces!

¿Quién puede escuchar a los grillos con las luces encendidas?
Nadie.
¿Quién puede escuchar a las ranas con las luces encendidas?
Nadie.
¿Quién puede ver las estrellas con las luces encendidas?
Nadie.
¿Quién puede ver la luna con las luces encendidas?
Nadie.

¡Fijate cuánto has perdido!

¿Pensaste alguna vez
alumbrar los grillos,
alumbrar las ranas,
alumbrar las estrellas
y la gran luna blanca?

-No –dijo el muchachito.
-Entonces, trata de hacerlo –dijo Negra.
Y ellos lo hicieron.
Subieron y bajaron las escaleras,
encendiendo la Noche.
Encendiendo la oscuridad,
dejando que la Noche viviera en cada habitación.
Como una rana.
O un grillo.
O una estrella.
O una luna.

Y ellos encendieron los grillos.
Y ellos encendieron las ranas.
Y ellos encendieron la blanca luna semejante a un helado.
-¡Oh, cómo me gusta esto! –dijo el muchachito-.
¿Puedo encender siempre la Noche?
-¡Por supuesto! –dijo Negra, la niñita.
Y desapareció.

Ahora el muchachito es muy feliz.
Le gusta la Noche.
¡Tiene una Noche encendida en lugar de una luz encendida!
Le gusta encenderla.
Ha tirado sus linternas
sus lámparas
sus velas
sus velones.
En cualquier noche de verano que quieras,
podrás verlo.

Encendiendo la blanca luna,
encendiendo las rojas estrellas,
encendiendo las azules estrellas,
las verdes estrellas, las luminosas estrellas,
las blancas estrellas,
encendiendo las ranas, los grillos y la Noche.

Y corriendo en la oscuridad
sobre los prados
con los chicos felices…
Riendo.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Mi arbol de navidad

Mi familia no es muy pro-navidad. A mi no me gusta toda la parte cristiana del asunto, pero la parte pagana si. Me gusta decorar, incluso con el gordo cocacolero y la nieve de mentira. Y me gusta armar el arbolito. Como en casa eso dejó de hacerse hace mucho, alrededor de mis 8 años copmré un arbol de navidad, que armo sola e instalo en mi habitación. Eso sí, generalmente mi desidia sumada a la vorágine de actividades de fin de año hacen que arme el arbol el 23 de diciembre y lo desarme en algún punto de marzo. Voy a ver si puedo acercarme a la fecha tradicional este año, aunque sea un poco.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Encuestas

Varias veces, leyendo los diarios, me encontré con encuestas de este tipo


que, al tener como opciones de respuesta dos que empiezan con "Sí" y una que empieza con "No",  obviamente condicionan los resultados.

(Aclaración: Dado que la cámara que usé para fotografiar el diario es terrible, la foto es casi ilegilbe, por lo que transcribo acá: la encuesta pregunta "Ha notado aumentos en las cocheras?" y las respuestas posibles son "Sí, importantes", "Sí, menores" y "No".)






Bueno, el otro día, parece que los editores decidieron sincerarse, y directamente publicaron esto: