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lunes, 11 de julio de 2011

Colectivero copado... ¿colectivero PRO?

Como ya he mencionado en algún momento, yo acostumbro ir a trabajar en bicicleta. Para eso, tengo que atravesar, todos los días, la subida a una autopista cuyo cruce me recuerda a los documentales sobre la vida en la selva, la ley del más fuerte, y todo eso. Es increíble la desesperación de los conductores por ganar la autopista, por pasar primero. Parece que la vida les fuera en ello. Eso hace que los peatones y ciclistas que queremos cruzar debamos esperar largos, larguísimos minutos, por una pausa en la fila de autos casi sin solución de continuidad.

Sin embargo hoy, un colectivo 60 que se dirigía a la subida, al verme esperando para cruzar, aminoró la marcha y... ¡me dejó pasar! Eso nunca, nunca, NUNCA pasa. Nadie deja pasar a nadie en ese cruce, y menos un colectivero a un ciclista (¿acaso fuera un colectivero macrista que hoy se sentía particularmente feliz?). 
Y ahora, como es casi obligatorio decir algo sobre las elecciones, un comentario con la profundidad de análisis político que caracteriza a este blog:
Hace unos meses, en un post de esta misma sección, comenté un "pequeño milagro" consistente en la realización de una rampa que yo deseaba en cierta esquina, y dije que seguramente, si había pasado algo tan bueno era porque algo terrible estaba por suceder. Una comentarista dijo que probablemente sucedería que Macri fuera reelecto en su cargo. Pues me voy a quejar a la Fiscalía del Universo, por la absoluta falta de proporcionalidad entre beneficio y perjuicio. Si ahora un colectivero me cedió el paso, ¿qué se viene, una guerra civil?

jueves, 14 de abril de 2011

Los comentaristas de tránsito

Hoy voy a dedicar el posteo a una especie que encuentro particularmente insufrible: los comentaristas de tránsito. Y no me refuiero a los taxistas, que al fin y al cabo trabajan manejando y se entiende que le den importancia a esas cosas. Me refiero a los amigos/conocidos/familiares que, cuando conducen, no pueden hablar de otra cosa que no sean los conductores con los que comparten la calle, cómo se les cruzaron, cómo frenaron, cómo doblaron. Son totalmente impermeables a cualquier tipo de conversación que uno quiera entablar con ellos, y por si eso fuera poco, te hablan como si su monólogo sobre el comportamiento del conductor ajeno fuera una cosa interesantísima.
Cunado se comparte un viaje con uno de estos especímenes, el diálogo se sucede más o menos del siguiente modo.
Acompañante incauto (AI): -No sabés lo que me pasó! Mi novio quiere cancelar la boda. Dice que ya no está tan seguro de lo que le pasa conmig...
Comentarista de tránsito (CT): -Pero vos viste cómo se me cruzó este! Y ni siquiera puso el guiño, pero qué (sarta de insultos de menor o mayor calibre según la personalidad del comentarista).
AI: -Bueno. Te decía, la verdad que estoy re mal, porque yo sí estoy segura de lo que siento y él...
CT: -Tengo que seguir una más y dar la vuelta, porque ésta es contramano.
AI: -...él me dice que ya no sabe si quiere estar conmigo o...
CT: -Y ésta también es contramano! No puede ser, quién diseñó las calles en esta ciudad!
AI: -... o... o si se quiere separar, a vos te parece, después de tantos años juntos, yo la verdad que estoy para la...
CT: -Y ésta es mano pero está cortada. Y encima el energúmeno de adelante que viene a dos por hora!
AI: -Estoy re mal, siento como que no lo conozco, que es otr...
RUMMM!!!! (ruido de acelerada brutal ni bien el conductor que iba delante le deja espacio para pasar).

Lo más curioso es que estas personas no siempre son obsesivos irracionales en todos los órdenes de su vida, de hecho, muchos son sujetos amables e ingeniosos que sólo se convierten en monstruos monotemáticos cuando están volante.
Una versión especialmente pesada del comentarista de tránsito es el que no sólo comenta, sino que grita consejos y/o improperios a los otros conductores (del orden de “Dale, pasá nomás”, “Decidite, doblás acá o seguís?", etcétera) como si estos pudieran escucharlo.
Y lo peor, pero realmente lo peor que puede pasar, es viajar con un comentarista de tránsito al volante, y un pasajero que también lo es. Ahí el viaje se transforma en una retahíla interminable de "Pero mirá cómo me pasó?", "Nooo, qué animal", "Este en un rato se pega un palo", "Mirá, y ahora frena!". En ese caso, sólo queda apretar los dientes y desear que el viaje termine lo antes posible.